Cara y Cruz: El hermano Pedro de la Concepción y fray Pablo de San Benito

En todos los pueblos y en todas las épocas de la Historia se ha dado la presencia de hombres magnánimos, entregados al servicio de sus semejantes, que llenan de gloria el lugar de su nacimiento y son merecedores de reconocimiento eterno; y hombres abominables, que han manchado de iniquidad el solar patrio y son acreedores de olvido y desprecio. Obligación de todo pueblo es conservar la memoria de los hijos que lo engrandecieron; pero también no olvidar a los que sembraron la iniquidad; pues tanto de unos como de otros podemos obtener modelos de conducta.

En Porcuna, como en todos los lugares del Mundo, se han dado muchos ejemplos de ambas clases, que muestran la cara y la cruz de la moneda. Esta dualidad se ha dado en todos los campos: en la política, en la milicia, en la vida eclesiástica, etc. En este trabajo vamos a exponer las vidas contrapuestas de dos hijos de Porcuna, ambos, con un siglo de diferencia, profesaron la carrera eclesiástica, uno para honrarla y el otro para profanarla, en la vida de ambos intervinieron directamente las más altas personalidades de su tiempo, el Papa y el Rey de España, pues al primero lo recibieron en audiencia, autorizando sus proyectos, y en el caso del segundo su proceso llegó hasta ellos y tuvieron una intervención directa en él.

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